Va de flores

Hola 🤙🏽

El día de hoy va de flores.

Y eso es todo, supongo.

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Mermelada de Lupin

“Probé aquella mermelada un par de veces y nunca había explotado en mi boca con tanta suavidad, resbalando lentamente por la comisura de mis labios, dejando huella. Un sabor agridulce que nunca olvidaré”.

Despertó en otoño, cuando el viento acarició sus rosadas mejillas. A lo lejos las hojas caían de los árboles y al llegar al suelo se alzaban junto al vuelo de su faldilla. Siempre le gustó la luz del día, sentir el Sol bajo su piel y dejar impregnado el olor de Orgullo y Prejuicio en su pecho.

Tras varios pasos acabó frente a mí, en aquella cafetería de poca montas a la que asistíamos frecuentemente. Yo acariciaba mi cuaderno de dibujo con el viejo lápiz que mantengo desde que era pequeña. Alzó su mirada y me dedicó una sonrisa, una tan grande que se convirtió en mi estro. Antes de que articulara palabra alguna supe de qué me hablaría, solo hacía falta descifrar aquella mancha de café en sus ojos y tomarse el tiempo en oler su lencería. De fondo alguien tocaba Una Mattina en el gran piano de cola que adornaba el local, y sus discursos, que duraban un amanecer completo, se mezclaron con la partitura erizando mi piel.

Un día me habló de Lupin, uno de sus tantos amores. Me contó que la vio en mitad del jardín de su abuela, allí se alzaba junto a sus elegantes hojas y sus florecillas bañadas en un tono violáceo. La muy querida derramaba respeto y no pude evitar envidiarle. Ella consiguió ser el habla de mi musa por mucho tiempo, incluso llegué a dibujarla de mil maneras distintas. Al día siguiente un potecito de mermelada apareció en la entrada de casa. De su cuello colgaba una cuerda y, de ésta, una etiqueta con mi nombre. No supe de qué sabor era hasta que metí un dedo en la confitura y me lo llevé a la boca.

“Lo siento, pero no me gustó” le dije cuando volví a verla una mañana de mayo. De nuevo nos encontrábamos en la cafetería, ella me miraba con esos ojitos llenos de café recién hecho y yo depositaba mi cuaderno sobre la mesa. “Tranquila, más adelante comenzará a dejar huella” respondió sonriendo. Y temí. Temí porque aquella sonrisa ya no era la misma de antes, no era mi estro. Se me oprimieron las cuerdas vocales y la voz quedó atrapada en mi interior.

Al llegar el verano mi dedo se había hundido dentro de aquél potecito cinco veces más desde la última vez. El sabor seguía disgustándome y me había negado a ver a mi musa hasta que la mermelada dejase huella en mi interior. Así que volví a intentarlo, introduje el dedo nuevamente y antes de poder saborearlo el repiqueteo de sus nudillos contra la puerta me hizo sobresaltar. Rápidamente me llevé el dedo a la boca y, de la nada, me quedé congelada; Lupin explotó con tanta suavidad que tuve que relamer mis labios al terminar de saborearla. Cuando mi cuerpo decidió salir de aquella especie de trance, mi musa había desaparecido dejando en la alfombrilla una nota como despedida:

“Recuerda que solo es un pequeño instante en el que suelto tu mano y me alejo de ti para poder ser persona y dejar de soñar”.

Playa para cinco

¡Hola! 💙

Hace ya bastante tiempo, unos amigos y yo, decidimos ir a la playa. No recuerdo bien en qué época del año fue, pero os aseguro que el aire se puso en nuestra contra y revolucionó todo el panorama.

Tuvimos que ingeniárnosla para no llenar nuestros calcetines de arena.

Aquí os dejo algunas de las fotos que pude hacer. 

Semillas

“Las semillas son invisibles; duermen en el secreto de la tierra, hasta que un buen día una de ellas tiene la fantasía de despertarse” —El Principito.

Y la recuerdo perfectamente, ella tan bonita y somnolienta. Se acababa de despertar y aún así sus ojitos rasgados pedían a gritos dormir por una eternidad.

No sé yo si fueron sus ganas de caer rendida bajo el manto de la tierra o mi corazón que latía con fuerza cada vez que ella caminaba a paso lento hasta desplomarse a mi lado para después dormir como un bebé. El caso es que seguía siendo invisible, y yo aquello, lo agradecía mucho. Agradecía que aún fuese una pequeña semilla confusa que no había llegado a encontrar la fantasía de despertarse, salir al exterior y comerse la realidad con un buen puñado de patatas.

Pero como sucede con los humanos, las semillas también crecen y se hacen mayores con el paso del tiempo.

Ahora mismo estás aquí, conmigo. Colocas tus pies dentro de tus delicados zapatos y, al terminar de dar una lazada, te incorporas dedicándome una espléndida sonrisa. Sé que es la hora, no hace falta que lo digas, tus ojitos te delatan. Tendré que dormir yo todas las horas que no pudiste hacerlo tú y recordarte confusa como siempre lo has sido.

Ahora ve y guárdate el mundo en la panza. Y si no es mucho pedir, guárdame a mí también.

Ivory

Poso la mirada en el cuadro aterciopelado que baña mis ojos con lágrimas. Rozo el pulgar con el rostro del individuo y siento como éste cierra sus párpados para suspirar contra mi piel. Me ha robado más de un gemido, debo reconocerlo. Soy tan vulnerable cuando se trata de ti. Haces que quiera zarandear la pintura hasta ver tu cuerpo flotar en el aire, junto a todas esas fresias que adornaban tu bohemio cabello color cobre.

Repudiabas tu nombre al igual que preferías lo neutro. Por eso, tras una noche áspera bajo la atenta mirada de los robles, decidí darle una pincelada de color. «¿Es acaso Ivory lo suficientemente claro como lo es tu alma?» te pregunté al día siguiente cuando vi como corrías hacia mí con aquél vestido de seda semitransparente. No sabes las ganas que tuve de arrancártelo con los dientes; tu piel resplandeciente me pedía a gritos que la besuqueara y llenara de aliento. «Nunca llegarás a encontrar el tono perfecto. Pero ese mismo me sirve, es delicado y me acoge con tan solo echarle un vistazo» respondiste para luego dejar ver todas esas arruguitas que se formaban en la raíz de tu nariz. Éstas eran bastante tímidas y solo salían cuando tú te permitías el lujo de reír.

Sonrío al recordar cada otoño que pasé junto a ti. Me gustaba ver como ibas creciendo solo cuando tu estación del año preferida se hacia presente; te desnudabas frente a los robles y hacías que tus arruguitas brotaran hasta acunar las mías. Decías «¿No es bonito ver como se desvelan poco a poco y escuchar el susurro de cada secreto guardado bajo la corteza?» y yo siempre rebatía esa pregunta citando cada una de las razones por las que caí rendida bajo tu encanto. Era obvio que te prefería antes que al árbol.

Tú olías a Ivory, a frescor y transparencia. Y yo trataba de rodearte con mis brazos para que nadie más tuviese el placer de echarle un vistazo a tu interior. No sabes lo mal que lo pasé cuando los celos devoraron mis entrañas. Vi como Red recorría tu cuerpo con tan solo una mirada, te devoraba y relamía sus labios. De él aparece ante mí una imagen tenue del riachuelo color rojo que se había formado desde su nariz hasta su cuello pasando por la barbilla. Ese día comenzaste a llamarme Índigo. No pregunté a qué se debía aquél color, pero supuse que mi alma oscura y fría había llegado a lo más profundo de tus ojos. Sonreí para mis adentros alimentando el color que me habías otorgado.

Gracias a la pintura que creé con tu rostro, escribo esto para poder revivir a Ivory, la persona a la que he estado amarrada durante toda mi adolescencia. Me es difícil olvidar todas las tardes en las que compartías tu té con leche conmigo de una manera un tanto peculiar; yo reía al ver como se había creado un bigotillo por encima de tu labio superior y con lentitud besaba aquella parte así gozando de mis dos sabores preferidos. Imposible borrar de mi memoria los días nublados en la biblioteca donde leíamos a Van Gogh y Monet, o los soleados cuando salíamos al jardín y representábamos El Principito; tú de rosa bajo aquél caparazón y yo del niño que te cuidaba y observaba hasta quedar dormido.

De una manera u otra resumiría todo esto con aquella palabra que solías susurrar antes de irte a dormir y desaparecer de mi vista: arte.

Viaje a Munich

¡Hola!

En el mes de abril tuve el placer de ir a Munich (Alemania) con unos compañeros de clase.

Visitamos la Marienplatz (plaza central, algo así como que el ayuntamiento), la Hofbräuhaus (la cervecería más grande de Munich), el Olympiapark, el Jüdisches Museum München (museo judío) y el Englischer Garten.

Aquí tenéis todas las fotos que pude hacer.

Presentación

¡Hola!

Comenzaré hablando un poco sobre mí.

Tengo un nombre bastante común, pero prefiero que me llamen Lua.

Me encanta la poesía y, de vez en cuando, escribo. Suelo hacer garabatos y nunca termino de rellenar mis cuadernos de dibujo. Me suelo mover dentro de sudaderas enormes y chaquetas cuatro tallas más grandes que la mía. Tengo mi propio ejército de cactus, todos con nombres de dinosaurios. Cuando me sumerjo en mis pensamientos me suele acompañar un regordete pájaro japonés llamado Baba. Huelo flores y admiro el arte. ¡No soy un hongo! Y a ti más te vale no serlo.

He creado este blog con la esperanza de poder compartir con vosotres escritos, viajes, fotografías y demás.

Espero que os guste y que disfrutéis leyendo.

Abrazos de oso para todes.